“hicieron su aparición en la ciudad numerosas personas de medio pelo. En épocas turbias, de incertidumbre y transición, aparecen siempre y por todos lados personas de medio pelo. No hablo de los llamados «progresistas», de los que siempre se dan más prisa que los demás (tal es su afán cardinal), cuyos propósitos, aunque a menudo descabellados, están más o menos definidos. No. Hablo sólo de la canalla. En todo período de transición surge esa canalla de la que ninguna sociedad está libre, y surge no sólo sin propósito alguno, sino sin ningún asomo de idea, sólo para sembrar con ahínco la inquietud y la impaciencia. Y, sin embargo, esa canalla, sin advertirlo siquiera, cae casi siempre bajo el caudillaje de un puñado de «progresistas», que ya sí obran con un propósito definido, y son los que llevan a ese hato de truhanes a donde les da la gana, si es que ese puñado de «progresistas» no es también un puñado de sandios, lo que, por otra parte, sucede más de una vez. (...)Y, con todo, las personas más ruines adquirieron de súbito ascendiente entre nosotros y se pusieron a criticar a voz en cuello todo lo más sagrado, cuando antes no osaban decir esta boca es mía; en tanto que las personas principales, que hasta entonces habían llevado la voz cantante, se aprestaron de pronto a escucharlos, mientras ellos a su vez callaban; y algunos hasta aprobaban cínicamente con risitas mal disimuladas. Individuos como Liamshin, como Teliatnikov, terratenientes por el estilo del Tentiotnikov de Gogol, toscos y quejumbrosos Radishchevs caseros, pequeños israelitas de lúgubre aunque altiva sonrisa, viajeros jocosos, vates politizados de la capital, poetas que a falta de ideas o talento visten camisas campesinas y calzan botas embreadas, comandantes y coroneles que se burlan de lo insensato de su profesión y que por un rublo más estarían dispuestos a colgar el sable y trabajar como escribientes en los ferrocarriles, generales que se hacen abogados, educados árbitros de conflictos laborales y pequeños comerciantes en vías de educarse, incontables seminaristas, mujeres que encarnan la cuestión femenina…, toda esta gente se enseñoreó de pronto. ¿Y sobre quién? Sobre el club, sobre los funcionarios, sobre generales mutilados en campaña y sobre las damas más severas e inabordables de nuestra sociedad. Si la propia Varvara Petrovna, con su adorado hijo, habían servido casi de mandaderos de toda esa pillería hasta el momento mismo de la catástrofe, bien se puede perdonar hasta cierto punto a otras de nuestras Minervas locales por la aberración de entonces. Como ya he apuntado, ahora se culpa de todo a la Internationale.”
Fyodor Mikhaylovich Dostoyevsky was a Russian writer, essayist and philosopher, perhaps most recognized today for his novels Crime and Punishment and The Brothers Karamazov.
Dostoyevsky's literary output explores human psychology in the troubled political, social and spiritual context of 19th-century Russian society. Considered by many as a founder or precursor of 20th-century existentialism, his Notes from Underground (1864), written in the embittered voice of the anonymous "underground man", was called by Walter Kaufmann the "best overture for existentialism ever written."
His tombstone reads "Verily, Verily, I say unto you, Except a corn of wheat fall into the ground and die, it abideth alone: but if it die, it bringeth forth much fruit." from John 12:24, which is also the epigraph of his final novel, The Brothers Karamazov.