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John MacArthur
La justificación es distinta de la santificación, porque en la justificación de Dios no hace justo al pecador, Él lo declara justo (Romanos 3.28; Gálatas 2.16). La justificación imputa la justicia de Cristo a favor del pecador (Romanos 4.11). La santificación imparte justicia al pecador personalmente y en la práctica (Romanos 6.1–7; 8.11–14). La justificación tiene lugar fuera de los pecadores y los cambios de su situación (Romanos 5.1–2). La santificación es interna y cambia el estado del creyente (Romanos 6.19). La justificación es un acontecimiento, la santificación es un proceso. Los dos deben distinguirse uno del otro, pero nunca se pueden separar. Dios no justifica a quien no santifica, y Él no santifica a quien no justifica. Ambos son elementos esenciales de la salvación. La corrupción de la doctrina de la justificación da como resultado graves errores teológicos. Si la santificación se incluye en la justificación, entonces la justificación es un proceso, no un suceso. Esto hace que la justificación sea progresiva, no completa. Entonces se está de pie delante de Dios en base a la experiencia subjetiva, no seguro por una declaración objetiva. La justificación, por lo tanto, puede ser experimentada y luego perdida. La seguridad de la salvación en esta vida se vuelve prácticamente imposible porque la seguridad no puede ser garantizada. El fundamento de la justificación del pecador es en última instancia la virtud propia continua en el presente, no la justicia perfecta de Cristo y su obra expiatoria. Es evidente que esta idea va en contra de la enseñanza bíblica.
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